
DIVERTIRSE A LA MANERA DEL SEÑOR
INTRODUCCIÓN:
Desde la última conferencia en la que fui llamado como segundo consejero del distrito; he tenido muchas oportunidades de visitar personalmente las ocho ramas de nuestro distrito y ponerme en contacto directo con los líderes y miembros y con sus necesidades e inquietudes; y de la visión general que he adquirido hay una cosa que me ha preocupado mucho por bastante tiempo; no creo equivocarme si digo que en este distrito hay una gran NECESIDAD DE DIVERTIRSE A LA MANERA DEL SEÑOR.
Ha sido mi impresión que hay muchos de nosotros que no sabemos divertirnos de forma grata al Señor como ramas organizadas de la Iglesia la mayor parte del año, sin ignorar por ello las estupendas cosas que de vez en cuando se ha hecho y se hacen. He visto infiltraciones de ciertas confusiones entre la manera de divertirse del mundo y la de Dios.
Al reflexionar sobre esto he podido percatarme de que Satanás ha aprovechado muy bien la situación para sembrar de una manera sutil el desánimo, el chisme, la contención, la desidia y la falta de motivación e ilusión en las diferentes unidades del distrito tanto entre jóvenes como en los no tan jóvenes y en los líderes.
Esta situación debe cesar inmediatamente, y siento en mi corazón que debo repasar y aclarar algunas cosas y principios básicos para poder divertirse a la manera del Señor. Mis palabras van dirigidas a los líderes del sacerdocio y a cada uno de los miembros del distrito. Ruego al Señor que podáis captar la esencia de este mensaje.
DESARROLLO:
El Señor ha revelado a sus profetas la manera aceptable en que sus hijos deben divertirse como pueblo, como Iglesia y esa manera son las ACTIVIDADES DE LA IGLESIA; las cuales son reuniones, es decir, ocasiones en las que nos juntamos y nos unimos como pueblo, y como iglesia.
Las actividades de la Iglesia son la reunión de la familia de Dios (Efesios 2:19); en la cual preside y dirige el Señor a través de sus siervos autorizados.
Dios nunca hace nada sin un propósito determinado; y así las actividades en la Iglesia tienen un único propósito, el cual coincide con la finalidad básica de la Iglesia; aunque a ese propósito básico le podamos llamar activación, servicio, obra misional, historia familiar, hermanamiento, deportivas, culturales, etc. Y es algo que deberíamos tener muy claro siempre a la hora de participar en ellas y organizarlas.
El propósito de las actividades no es matar el tiempo, no aburrirse, decir que hacemos actividades; aunque sean aspectos que indirectamente queden incluidos en las actividades. Hermanos, una actividad de la Iglesia sin un propósito u objetivo definido o una actividad en la Iglesia con un propósito u objetivo incorrectos no es aceptable para el Señor.
Ahora que tenemos claro lo que son las actividades de la Iglesia y para que son, no nos resultará difícil comprender como deben de ser. Aunque existen actividades muy variadas en la Iglesia dependiendo del propósito específico que persigan, unas son más solemnes, otras más desenfadadas e informales; desde una reunión sacramental pasando por una noche de talentos, una conferencia de distrito, un torneo deportivo, llegando hasta un funeral; absolutamente todas tienen en común acercarnos a Cristo en diferente aspectos de nuestra vida. Por lo que es muy lógico que todas ellas tengan algunos puntos en común:
ORDEN. (DyC 58:55) En todas hay alguien que preside y dirige, representando al Señor; y a quienes hay que respetar y apoyar y sobre las que recae la responsabilidad máxima de esa actividad. Nadie puede ni debe hacer lo que le de la gana en esa actividad; no es una actividad privada, es la actividad del Señor, y no la nuestra personal. Respetemos a quien preside.
PLANIFICACIÓN. ( 2 Nefi 24:24,27) Todas han sido estudiadas, analizadas y planeadas cuidadosamente bajo espíritu de oración, con antelación teniendo en cuenta las necesidades o intereses de los participantes; tanto individual como colectivamente; pero bajo las normas de la Iglesia, y la seguridad física y espiritual de los participantes, y sobre todo la voluntad de Dios. Es deber de los líderes seguir con exactitud el plan que Dios les confirmó si quieren evitar problemas. Y es deber y obligación de los participantes acatar ese plan con humildad y buena disposición y no intentar modificarlo, cometiendo la osadía de rebelarse contra una decisión tomada mediante oración; basándonos en nuestros propios deseos y gustos. Repito; no es una actividad privada, es del Señor.
ESPIRITUALIDAD. (DyC 29:34) En todas las actividades de la Iglesia debe estar presente el Señor; lo cual solo es posible para nosotros recibiendo la influencia del Espíritu Santo. Por tanto es necesario que las actividades contengan aquello que va a invitar al Espíritu Santo a estar con nosotros y que cree una atmósfera y ambiente agradable al Espíritu; como pueden ser los himnos, las oraciones, los pensamientos espirituales, lecciones de los principios del evangelio, las escrituras, los testimonios, etc. Todo lo cual además nos fortalece espiritualmente y nos permite estar en contacto con Dios espiritualmente durante la actividad.
Si cualquier actividad carece de estos elementos; no es una actividad de la Iglesia, al menos no oficialmente, y si no es oficial de la Iglesia, ¿de quien es? ¿De los miembros? ¿De un líder en particular? Repito, no es una actividad privada, es del Señor.
Pero además de todas estas cosas tan esenciales, existe una imprescindible, sin al que ni siquiera la actividad más perfectamente organizada tendría éxito; me refiero a la PARTICIPACION de todos los que son invitados a la actividad.
El Señor nos ha dado dos principios básicos que nos explican cual debe ser nuestra actividad y manera de PARTICIPAR en las actividades de la Iglesia (DyC 58:26,29 DyC 64:34).
El participar en las actividades es un mandamiento por vía de invitación; y es parte del convenio que hicimos al bautizarnos y en otras ocasiones, de participar en la Iglesia y de apoyar a nuestros líderes. Es por vía de invitación porque el Señor espera que nuestra participación sea voluntaria, de nuestra propia iniciativa. Por lo tanto deberíamos asegurarnos de tener razones reales y justas para no participar en ellas y no simples excusas.
Tenemos el derecho y el deber de exigir que tengamos actividades y que estas sean a la manera del Señor; pero no tenemos el derecho de criticar opiniones y preocupaciones con los líderes correspondientes.
A la hora de participar en cualquier actividad de la Iglesia debemos hacernos siempre esta pregunta ¿Qué puedo aportar yo? Y no ¿qué voy a recibir yo?
También debemos llevar en nuestro corazón la firme resolución de hacer nuestra parte y no esperar a que los otros hagan la suya.
Ni que decir tiene que las disputas y contenciones y la rivalidad que derive de ellas no es justificable, ni apropiado, ni debe tener lugar en ninguna actividad de la Iglesia (3 Nefi 1:28-30).
Recordemos que somos nosotros los que debemos amoldarnos al Señor, y no el Señor a nosotros.
CONCLUSIÓN
La razón esencial de nuestra vida mortal es que tengamos gozo, en esta vida y por toda la eternidad en un grado cada vez mayor, y eso tan solo es posible mediante el evangelio de Jesucristo; en el cual se incluye la autentica diversión y gozo. Si al vivir el Evangelio no somos capaces de divertirnos entonces no estamos entendiendo el Evangelio o no lo estamos aplicando bien. Es por eso que el Señor utiliza las actividades en su Iglesia; las cuales son ocasiones de aprender y aplicar el evangelio en nuestras vidas y de desarrollar nuestros atributos divinos a la vez que ayudamos a otros a hacerlo.
Es por ello hermanos todos, que desde aquí exhorto a todos los líderes a que organicen actividades adecuadas bajo la inspiración directa del Señor y bien planeadas; y al mismo tiempo exhorto a todos los miembros a que participen en todas las actividades de la Iglesia posibles y que participen de la manera y con la actitud correctas; y entonces el Espíritu del hermandad, unión y fortalecimiento se hará presente, entonces empezareis a divertiros de verdad, entonces la ilusión, el ánimo y la motivación vendrán y en esas condiciones tan favorables ocurrirán los cambios y se verán los milagros, y esto expreso en el nombre de Jesucristo. Amén.
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